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Afortunado es el insomne

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Caemos en el primer sueño. Freddy Krueger ni siquiera toca a su víctima, prefiere aterrorizarla y distorsionar su entorno de manera sistemática. Freddy tiene el control; Tina será la víctima de su propio sueño. Ahora ella se encuentra en un pasillo estrecho y oscuro; está sola cuando escucha la voz. Freddy la llama, “¡Tina!”; jamás se había sentido tan desasociada de su propio nombre. Freddy sabe cómo llamarla, la reconoce, tiene una manera particular de identificarla. “¡Tina!”  Ella mira; la miramos. La periferia de sus ojos revela su absoluto terror mientras espera lo inevitable. Se percata que la acompaña una oveja, realización que provoca una reacción inmediata: “¡corre!”. De pronto se encuentra en un sótano extraño. Escucha el llanto de unos niños ausentes y percibe cuando las voces se diluyen en un berreo solitario. Una vez puede discernir el sonido, su destino está sellado; otro cordero listo para el drenaje. Esta es una ofrenda al espectador; una condición necesaria del tipo de película que la audiencia espera: una manera de contener el malestar (aunque sea por unos momentos).

Pero todo fue un sueño, una contención pulsante que se aleja de cualquier experiencia táctil, aún cuando mantiene un poder considerable sobre la vida consciente; efecto no muy distinto a la experiencia del cine. Los personajes del filme son influenciados por ese mundo onírico, de la misma manera que el espectador se deja seducir por la película. Ambos emprenden hacia una experiencia sensorial que se reproduce en tercera persona. En el sueño sólo existe la sujeción de un sentimiento corpóreo, cuando en realidad no es más que una serie de imágenes que se proyectan de manera simultánea en el cerebro. El durmiente es un observador pasivo que no distingue entre el protagonista y sí mismo.

En “A Nightmare on Elm Street” (1984), Wes Craven nos propone un asesino cuyo único poder yace en el mundo de los sueños. Craven aprovecha uno de los miedos básicos del ser humano para codificarlo como cine. Para el espectador, el personaje de Freddy Krueger es un tropo sintomático a ser asimilado, un futuro sintagma de nuestro propio lenguaje onírico, una entidad desasociada de cualquier realidad específica. Freddy es el miedo convertido en imagen. Para los personajes, Freddy es mucho más que esto pues él es capaz de afectarlos en su plano físico y emocional.

Las primeras víctimas son una pareja de novios que disfrutan de una relación sexualmente activa. La otra pareja del filme —los personajes principales— son vírgenes, aunque no por falta de interés pues podemos escuchar al novio murmullar “morality sucks” en un momento durante la película. El chamaco no lo sabe pero la abstinencia sexual les protege de la muerte a manos de Freddy. Aunque se podría argumentar sobre el mensaje moralista del filme, me parece que esto es solo una distracción de parte de Craven como una manera de consolar a la audiencia: Provee la ilusión de una razón simple y capaz de justificar la crueldad en pantalla. Es una explicación que insinúa una salvación posible.

Claro, no podemos negar que hay una connotación sexual obvia en el método de Freddy. Visto de forma más prominente en sus interacciones con la protagonista, Nancy. Hay dos secuencias claves con ella: En la primera, Nancy se queda dormida en su bañera y el famoso guante de Freddy aparece entre sus piernas. En la segunda, su teléfono se transforma en la lengua de Freddy, quién le anuncia: “I’m your boyfriend now!”. Sin embargo, el sexo y sus insinuaciones son solo una condición correlativa a un mensaje mayor, el cual yace en el origen sobrenatural de Freddy y la verdadera razón por la cual él decide matar a estos jóvenes.

Fred Kruger era el conserje de una escuela que violó y asesinó a varios niños del vecindario. Él mismo fue asesinado por la venganza de los padres y madres que descubrieron su guarida. El pueblo entero decide ignorarlo todo: tanto el asesinato de Freddy como la pérdida de los niños. Rehacen sus familias y logran mantener un estilo de vida “normal”. Pero el pasado se asoma por la costura y prepara su violenta reconciliación con el presente, evento que coincide con el principio del filme. Fred Krueger es ahora “Freddy”, un apodo que sugiere cierta familiaridad cotidiana. Freddy es una fuerza de la naturaleza, una metáfora del pasado.

Las nuevas víctimas —personajes que hemos conocido durante el transcurso de la película— están predestinados a la tragedia. Sus acciones son irrelevantes; podrían ser inmorales, puritanos o indiferentes, no importa. Si sus padres tomaron parte en la muerte de Fred Kruger, su destino es inevitable: El horror yace en sus entrañas.

Los ataques de Freddy son un mecanismo que funciona “de adentro pa’ fuera”: cada ataque en el sueño se manifiesta de manera extrínseca. En la pesadilla —y pronto muerte— de Tina, el espectador es testigo del método. Estamos presentes en el sueño y experimentamos todo a través de los ojos de la propia víctima. A la vez nos encontramos en la “realidad”, en el dominio de los despiertos: en el cine nadie está solo detrás de sus párpados. Freddy utiliza su guante para rebanar a Tina de manera viciosa. Sus amigos están despiertos así que solo presencian el efecto. La piel de Tina se abre desde adentro, permitiendo que la sangre se escape de su cuerpo. Luego ésta levita y choca con la pared y el techo. Una escena muy sangrienta, sin duda, pero lo más inquietante es la motivación de Freddy: el pecado de los padres será pagado por la progenie. Estos chamacos nunca estarán seguros, ni siquiera detrás de su propia piel.

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About Jean Vallejo

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Jean Vallejo Escritor y diletante empedernido que trata de dormir todas las noches, aunque rara vez lo logra. Entró a la UPR en el 2002 y ha cursado tres programas de bachillerato (sociología, literatura comparada y, recientemente, literatura en inglés). Fiel creyente de la piratería, lo que le ayuda a producir Discoteta, un podcast sobre música, sicalipsis y, por supuesto, nutrición chic.

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