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Conversaciones de desigualdad

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Conversaciones de desigualdad:

Una serie de video-entrevistas a personalidades puertorriqueñas del ámbito de las humanidades sobre la desigualdad y la lucha política, por Amado Martínez Lebrón.

En el 1754 en Francia, la Academia de Dijon presentó la siguiente pregunta como parte de una competencia: ¿Cuál es el origen de la desigualdad en los humanos? Esta competencia engendró relucientes debates de un gran peso filosófico con trascendencia hasta nuestros días.

Tomás Hobbes y Jean Jeacques Rousseau (quien en su libro, “El origen de la desigualdad entre los hombres”, publicó la respuesta que originó la pregunta)  representan aquellos primeros pasos del camino hacia la búsqueda de entendernos como animales. Su discusión creó un precedente sobre lo que sería el debate entre lo “natural” y lo “social”. Este debate ha pasado por todo filósofo, científico social, político y pensador sobre la faz de la Tierra. Pero nada parece satisfacer la pregunta pues se espera que, al encontrar la respuesta, se resuelva la condición de desigualdad en la sociedad.


Entrevista a Elizam Escobar:

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Pero iniciar una discusión desde la existencia de la desigualdad, para sugerir una idea de la igualdad como posibilidad de organización social alcanzable, parecería partir de un problema. De hecho, lo ha sido desde el inicio del debate entre lo natural-biológico, versus lo cultural o social. Sabemos que es imposible la igualdad biológica, pues no somos clones y —aunque lo seamos— vivimos en un contexto particular; cada lugar ocupado trae su propia historia adjudicada.

La igualdad se debería entender como un recurso metafórico que, por ser de valor teórico, tiende a sugerir una dirección hacia un fin. Pero debemos insistir en que “saber” las direcciones de antemano, (a priori) corrompe la fluidez y el curso razonable del momento y los instantes. Cada minuto debería tener su necesidad urgente y su propio anhelo. Si pensamos que la libertad está caracterizada igual que un espejismo —que se aleja en el desierto cada vez que avanzamos hacia él— pudiéramos sugerir lo siguiente: Predecir mi necesidad en el penúltimo segundo de mi vida podría quizás resolver la necesidad de calma que consigue la planificación, pero al mismo tiempo me detiene de poseer (al menos en teoría) inmensas experiencias liberadoras.



La razón de la desigualdad, según la lectura simple del gesto del poder, parecería ser la diferencia. Pero la diferencia y la desigualdad están relacionadas a partes distintas del mundo. La diferencia proviene de la evolución genética mientras la desigualdad nace del privilegio social que da la fuerza, o la capacidad de resolver problemas colectivos, tras la explotación social de las diferencias genéticas.

Por ahora no pretendo decir de forma afirmativa nada sobre lo que sería la igualdad. Para mí, dicho concepto no existe, como tampoco la justicia y todos los demás valores simbólicos, por lo cual enfatizaré en definir la desigualdad que sí existe, hasta quizas encontrar sus contradicciones.

Sin lugar a dudas existe la desigualdad. Existe en partes que están relacionadas a la herencia física y que pertenecen al ámbito de las cualidades genotípicas y fenotípicas. Como consecuencia se replican en las creadas sociales pues organizarnos en sociedades también es una cualidad genotípica. En nuestro mundo algunos humanos son bellos y otros feos; algunos son listos y otros bobos; unos fuertes y otros débiles por consenso biológico, y esas diferencias crean desigualdades.

Aún cuando sepamos que algo “bello” ayer no tendrá que serlo mañana, la idea de lo “bello” en sí decide el estatus social de un individuo a pesar de la caracterización histórica de esas cualidades. Esas diferencias son reales y biológicas pero no siempre justifican la desigualdad de la que hablamos. Considero que queda en evidencia la urgencia de entender cómo acabar con la desigualdad en el acceso a las riquezas. El que individuos que no trabajen sean dueños de enormes cantidades de bienes por haber usurpado el trabajo de otros es una contradicción que desequilibra la sociedad.



En el presente, la tendencia en las investigaciones humanas encamina algunos de los más avanzados estudiosos en materia biológica y antropológica (e.j. Robert Wrigth, Howard Bloom, Richard Dawkins) a reconocer la contundencia de la estructura evolutiva en la sociedad como organismo. Los especialistas consideran que nuestra tendencia o capacidad de actuar como colectivo procede de las mismas estructuras primitivas que organizaron a otros organismos vivos como las bacterias, las hormigas, las abejas, y los primates en general. El recurso “físico-biológico-genético-antropológico” no puede aún reconocer si la estructura de los genes en su totalidad dicta con una intención evolutiva interna el comportamiento humano individual para luego entonces dictar a ese individuo su método de participación en lo colectivo. La dirección de las investigaciones recientes apuntan a que hay “instinto” o “programación evolutiva” en el ámbito social; más de lo que pensábamos.

En la actualidad muchos están cerca de afirmar que la libertad parecería ser producto de una complicada invención biológico-evolutiva que incentiva la supervivencia. Aún al reconocer que el conflicto es biológico y también lo es la lucha por el poder, todavía existiría la desigualdad como mecanismo de recompensa al gesto de lucha. Esto parecería reconocer la necesidad de la desigualdad para que ocurran los cambios.



Al entender esto, no es extraño preguntarse cómo las ideas y las estructuras que llamamos culturales y sociales insisten en crear sistemas imaginarios y luchas políticas que involucran grandes grupos con intereses comunes en búsqueda de “La Igualdad”. Mientras tanto, la insistencia en la desigualdad parecería ser la norma biológica. Por lo tanto, aún sigue pertinente la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Podremos ver en nosotros mismos las desigualdades sociales como algo que podríamos evitar?

La desigualdad es sin duda una realidad. La desproporción en la distribución de las riquezas es la causa de la violencia y la injusticia. Pero, ¿podría existir una estructura social de la mayoría? ¿Por qué aún no hemos podido tener un mundo en donde se tomen decisiones a partir de los intereses de la mayoría? Aún si fuera natural la explotación de los humanos por los humanos mismos, ¿podríamos ir en contra de la explotación como hemos hecho con otras fuerzas naturales? ¿De dónde viene la idea de la explotación si no es “natural”? ¿Podremos realmente reconocer como respuesta algo que no sea natural, o sea, “antinatural”, “sobrenatural” o “metafísico”?

Mi intención no es buscar las respuestas en aquellos que se han autoproclamado especialistas en la realidad social, política, o religiosa. Tampoco quiero entrar en un debate encumbrado e intelectualista que evite la transparencia.  Mi intención es presentarnos con “el poeta”: aquel que es creador; el humanista que reta al mundo de diversas maneras. Esto se debe a que considero que en nuestra época las mejores respuestas nacen de los creadores fervientes de nuevas voces, en los re-evaluadores de la lengua y la figura, en los que piensan sobre un mundo que no existe pero que estaría en la tierra si existiera. Con eso en mente es que salimos de pesca.


About Amado Martínez Lebrón

Amado Martínez Lebrón has written 17 post in this blog.

Nace durante el 1973 en Santurce, Puerto Rico. Hizo su bachillerato en Filosofía y Letras en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, y su maestría en Historia. Fundó la Organización Socialista Internacional (OSI) en el campus de Río Piedras. Genera propuestas de arte conceptual, además de escribir, producir, diseñar y coordinar para la industria audiovisual local. Por casi cuatro años promovió artistas plásticos y músicos, en su negocio en el viejo San Juan, llamado Enlaces Café. Es escritor y poeta.

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