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F(actores)

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Tommy Muñiz (1960s). Puerto Rican television.

El pasado lunes, 28 de octubre se divulgó en El Nuevo Día el artículo titulado “Revive el debate en torno al Colegio de Actores”, en donde se discuten, a grandes rasgos, algunos planteamientos de este distinguido foro que, aparentemente, es redefinido en pleno 2013 como “el único mecanismo para defender al gremio actoral”. Precisamente, existen ciertos factores de esta distinguida profesión que deben ser analizados y no siempre se toman en cuentan en estos debates sobre el quehacer actoral: nos referimos al bienestar y al respeto de la figura del actor, en todos sus ámbitos.

En nuestra Isla, los actores y actrices se enfrentan al proceso de casting o de audición, de forma constante, para “sobrevivir” económicamente: esto lo logran a través de su inclusión en los pocos proyectos existentes que son, mayormente, obras de teatro, comerciales y papeles de extra o secundarios en series y filmes del extranjero. Las preguntas que quedan en el tintero son las siguientes: ¿cuál es el trato que reciben los actores y actrices del país cuando se someten al proceso de casting? ¿Cuál es la norma en el trato del director de casting con los talentos? ¿Se les proporcionan a los actores las herramientas necesarias para hacer un buen trabajo en dicho proceso? ¿Están capacitados los directores de casting –con evidencia en formaciones específicas– para poder trabajar, de forma cordial, con experiencia y con el respeto que amerita, con los actores? ¿Se les proporcionan los cuidados necesarios a los actores y actrices en el proceso de filmación? ¿Existe alguna hoja de evaluación que mida el trato recibido por parte de todos los que interactúan con un actor en determinado proyecto, y de existir, se toma en cuenta?

La realidad es que el factor humano –y los dotes de inteligencia social– muchas veces son tan determinantes como la acción de suplir las necesidades básicas del actor en determinado proyecto (ej. alimentación) o incluso, las económicas: este factor es tan valioso como garantizar que un determinado por ciento de nuestros actores trabaje en producciones internacionales. El actor, bajo ninguna circunstancia, deberá ser sometido a un trato cruel o desmedido por ninguna de las partes que trabajan en el mercado, en sus distintos escenarios; resulta intolerable que deba someterse a “vaivenes” de conducta del director de casting, del productor o director del proyecto. Incluso resulta inadecuado que tenga que bailar al ritmo del mood con el que se haya levantado el director de casting en su día de prueba.

El trabajo del actor requiere rigurosidad en cada prueba a la que se somete: estas variables resultan innecesarias, además de resultar poco profesionales. Las destrezas sociales, fundamentadas en el respeto hacia los demás o en el buen ejercer de las relaciones humanas de quien, precisamente, es la cara de un proyecto, deben ser consideradas a la hora de analizar cuál es su dinámica de trabajo con los actores: incluso, esto puede redundar en una buena ejecución o no por parte del actor o del proyecto en general, y por lo tanto, resultar costo-efectivo o no costo-efectivo. Si bien es cierto que existe personal de gran experiencia y profesionalidad en nuestra Isla, hay que tomar con pinzas este asunto a la hora de generalizarlo. ¿Cuál sería la evaluación en una escala de A a F de parte de los actores en torno al trato recibido por los directores de casting, productores o directores? ¿Se le ha preguntado a los actores y actrices, con evidencia, a través de algún cuestionario validado por expertos?

De igual manera, se debe velar por la mínima sospecha de prejuicio, favoritismo o cualquier otra cualidad no translúcida que denote que el trabajo no es efectuado como debe ser. Ni siquiera un aprendiz de director de una obra teatral en determinada iglesia tiene la potestad para “latigar” a su actor o asumir una conducta poco profesional con este ejecutor del arte; no solamente resulta antipedagógico, sino además, no se encuentra validado por ninguna metodología de aprendizaje.

Desde el punto de vista psicológico, ningún estudio ha demostrado que el castigo funciona como herramienta de trabajo para el buen aprendizaje. El refuerzo, por el contrario, sí funciona. Tampoco un trabajo actoral fundamentado en el perfeccionismo justifica un grito desmedido de parte de un director, una amenaza o un regaño malintencionado: lo cortés, no quita lo valiente –ni la genialidad es sinónimo de brutalidad. Debemos desaprender los mitos que hemos adquirido sobre la buena actuación o dirección como sinónimo de “látigo”: aprendamos de las escuelas de vanguardia y de los países que siguen trascendiendo en el cine a través del respeto, del trabajo en equipo y del valor de la voz del actor en el proceso de filmación y construcción de un personaje.

Si el filme puertorriqueño 200 Cartas ha sido exitoso, es porque transpira respeto: este filme realizado en Puerto Rico otorgó cátedra de las capacidades que tenemos, como Isla, para efectuar una película comercial destacada. Hablamos de un producto bien cuidado y en donde tanto la clase actoral y como la tecnología pueden coexistir como protagonistas, sin ningún problema, y en donde podemos resaltar los valores de la Isla y sus capacidades para distinguirnos en el filme. Un filme que transpira respeto habla bien de su director, de sus productores, de sus directores de casting y de todo el equipo involucrado: esa debe ser nuestra mayor aspiración.

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Como profesional de la conducta y actor colegiado, me preocupa en gran manera cada vez que escucho sobre algún proceso atípico que atenta con la dignidad, la buena ejecución o el respeto que merece un actor, quien se prepara para dar lo mejor de sí en cada casting: independiente de su nivel de preparación o experiencia, debe ser tratado con respeto. Ni siquiera deberían existir divisiones de trato entre un extra y un actor principal –como si se tratase de clases sociales–, más allá de las divisiones de funciones o tareas a ejecutar.

¿Queremos aspirar a un gremio actoral como el de México, Estados Unidos, India u otros países? Debemos trabajar por ello. ¿Creemos que el Colegio es “el único mecanismo para defender el gremio actoral”? Pues, deberá orientarse hacia dicha vertiente: deberá desarrollar alguna metodología de evaluación rigurosa y empírica que nos permita conocer cómo se efectúa el nivel de ejecución del personal que trabaja con los actores en sus distintos escenarios y tomarlo en cuenta con vehemencia; deberá ofrecer seminarios de educación continua para directores de casting y otros recursos; deberá redactar y divulgar –al menos que ya exista que, en todo caso, se deberá actualizar– algún documento sobre derechos y deberes del actor; deberá efectuar un estudio de necesidades que incluya las carencias de los actores y sus impresiones en torno al trato recibido en cada proyecto; se deberá fomentar el proceso investigativo que nos arroje luz sobre el perfil del actor, director, productor y director de casting en la Isla; y, más que nada, deberá tomar acción ante cualquier injusticia, maltrato o duda razonable de trabajo negligente con el gremio de actores. A fin de cuentas, es un trabajo, y ante cualquier situación que atente a sus derechos, una querella o una demanda será igual de procesable.

Yo creo en el arduo trabajo del Colegio de Actores y en su gran equipo de profesionales: igualmente, creo firmemente en el inmenso talento y en la hermandad de actores puertorriqueños. Ante cualquier “torpeza” en el trato con los actores del país o que denote cierto prejuicio o favoritismo, debemos tomar acción de inmediato y, más que nada, educar. Eso no solo garantizará un mejor trabajo colaborativo entre las partes, sino además, la creación de una fórmula mágica para exponer nuestros grandes talentos al Mundo, fundamentado en el respeto a los demás, en el trato equitativo y justo y en el valor de la dignidad del actor, como ser humano.

Definitivamente, es lo justo: en ello estriba la verdadera defensa del gremio.

About Ariel Orama López

Ariel Orama López has written 33 post in this blog.

Psicólogo Clínico, Coach Certificado de Coachville Spain/The Internacional School of Coaching, Autor de los libros: Psicología como profesión: Orígenes y tendencias y Sinapsis Crëativa: Crea.tu.Universo. Contacto: droramalopez@gmail.com

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