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Falacias de Falopio

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Gabrielle d'Estrées et une de ses soeurs. 1594.

Falacias de Falopio: Jaulas sociales del “sisterhood”

Mucho se ha hablado sobre las grandes amistades entre hombres. Soldados romanos, filósofos griegos, científicos británicos y pensadores franceses han utilizado la camaradería como llave y ducto para crear. Una persona tiene una idea, pero un grupo tiene un ideal. Al considerar el rol crucial que han tenido dichos “bro-mances” históricos para el desarrollo de la identidad masculina y el progreso (o destrucción) de la sociedad, nos parecería algo obvio otorgar igual importancia a la camaradería entre mujeres. Aún así, nuestra sociedad moderna presenta un sin número de obstáculos al “sisterhood”.

Sabemos que la mujer ha sufrido la marginalización de su género y la objetificación sexual. Sabemos que hay largos siglos de sumisión y entrega al dominio masculino. No profundizaré en asuntos que han sido foco de numerosos estudios, discusiones, debates y teorías. Lo que me interesa plantear al momento es cómo esta posición de subyugue ha afectado las relaciones de camaradería entre las mujeres.

Primero que nada, que quede claro que “la mujer Latina” es un concepto evocado hace solo varias décadas atrás y que proviene de un poder colonizador. A esto le añadimos que, en general, a las diversas culturas Latinoamericanas se les conoce un largo historial de machismo. Por más libertad que hayamos conseguido y por más que haya evolucionado la sociedad moderna occidental, la mujer sigue entrampada en su relación identitaria relativa al hombre. Hay mucho que tomamos por sentado; todavía ocurre un gran nivel de disparidad entre géneros.

La idea de la “familia nuclear” de la cultura Americana de los 50s sigue incrustada en nuestras mentes: ser mujer por default significa ser esposa, madre y servir al padre proveedor. Nuestra sociedad capitalista y competitiva ha fracturado la larga historia de colaboración comunal del ser humano. Los medios y su presión estética inculcan insatisfacciones auto-destructivas y competitivas. Las telenovelas inyectan ilusiones de Cenicienta versus sus hermanastras; una carrera entre quien conspire mejor para conseguir ser la esposita adorada del galán adinerado (o el macharrán “bad boy”). Aún para la mujer moderna, la competencia por la atención del macho sigue configurada en las neuronas y en los ovarios. Nuestra sociedad corrompe la camaradería femenina y la distorsiona con competencia, envidia, e hipocresía. Todas nos cuestionamos en algún momento u otro si nuestras amistades son genuinas.

Las niñas son crueles con sus ataques cuando se juntan para denigrar a sus compañeras. Esto crea traumas identitarios y puede inspirar el desarrollo de sistemas de defensa que rechazan las relaciones de camaradería entre mujeres. Se rompen lazos cruciales para el desarrollo identitario de una niña. Un resultado común es la tendencia a llenar ese vacío con atención masculina y optar por la compañía de varones. De esa forma se busca desarrollar y preservar una identidad que al parecer no fue posible configurar a través de interacciones con el mismo género. Sin mencionar el alto impacto que tiene la figura de la madre en el desarrollo psico-social de la niña.

La camaradería es crucial al progreso de la identidad femenina. Los lazos de amistad han sido el inicio de movimientos sociales y el desarrollo de culturas y lenguajes. A través de los vínculos que formamos con los demás configuramos nuestra identidad social, colectiva e individual.

Exploremos la frase machista de “lesbian until graduation” o “lesbiana hasta la graduación”. Esta frase me parece una manera muy reduccionista y heteronormativa de limitar y estigmatizar la exploración sexual e identitaria de la mujer. Pero me apartaré de mi odio hacia al término; sigamos hacia lo que importa. Es posible que lo que alguna vez fue angustia y frustración por relaciones femeninas fallidas, se transforme en una nueva faceta de exploración a través de la ingestión y apropiación: fantasear con asumir un rol masculino del poder, explorar la feminidad desde otra perspectiva, poseer a otra mujer y saciar una necesidad legítima de ser aceptada por otra(s) mujer(es). Y que quede claro que no estoy hablando sobre la identidad lesbiana, la cual conlleva una complejidad que este ensayo no podrá explorar. Hablo solo de la exploración identitaria de la mujer sin suscribir mi monólogo a alguna otra identidad más allá de “mujer”.

Esto lo presencié una vez con un grupo de mujeres bisexuales y lesbianas, de edad universitaria. Lo que emanaba el grupo era liberación de constricciones sociales, un alto sentido de identidad femenina, sexual y politizada. La feminidad no puede ser encapsulada en tacos y push-up bras, ovulación o maternidad. Ser mujer es simplemente “ser”.

Muchas mujeres jóvenes se rebelan en contra de las presiones de la sociedad. Dicha rebeldía quizás se deba a la falta de experiencia y un fallo por entender dichos roles. Pero es esta ruptura la que lleva a la exploración de la individualidad y al desarrollo de sus propia definiciones de la feminidad; lo cual alimenta la lucha por los asuntos y derechos de la mujer.

Fallopian Faucet Fauna by Xander Marro

“Fallopian Faucet Fauna” silkscreen print by Xander Marro

Hay varios momentos que ocurren en la vida de una mujer que pueden presentar obstáculos al desarrollo de la identidad femenina. Les llamaremos “Hoyos” a esos momentos de conflictos de intereses e identidad. Ocurren cuando una mujer queda atrapada entre su insatisfacción con los roles tradicionales versus su deseo de tener una vida convencional. Exploremos algúnos de los muchísimos hoyos que existen.

El “Hoyo #1: Red Rose”: Casada pero frustrada. Esto ocurre cuando la mujer siente que se resignó a la vida convencional y que su vida ya no le pertenece. Siente que guardó sus valores y/o ambiciones para servir a su familia. La sociedad le impone un rol de madre pura y casta, de buenos modales, y servil ante su hombre. Siente que su identidad ha sido absorbida por un ‘otro’ (su esposo o su familia), que se conformó, que ya no es deseada en un mundo donde todos andan de cacería y que no puede expresarse como entidad sexual y poderosa. Y, encima de todo esto, es medida en relación al tipo de marido que tiene y qué tan bien ella le sirve a su marido.

El “Hoyo #2: Pink Flag”: La Jamona. Hay muchos tipos de jamonas (y algunas muy felices con su soltería) pero hablemos de la mujer adulta que no tiene pareja estable pero que aún desea casarse y tener hijos. El conflicto yace aquí: quiero una vida convencional pero no soy conforme con que me dicten mi rol. A dicha mujer le atacan con interrogativas sobre su vida y tiene que justificar su soltería. La sociedad le dice que es un “fracaso” por ser jamona. Una vez más la mujer es medida por su relación (o falta de) con el varón. El complejo vive latente y se convierte en delirio de grandeza, rabia y/o depresión. La mujer poderosa es atacada una vez más.

El “Hoyo #3: Black Denial”: Cuando la mujer poderosa es atrapada por el hombre. Esa situación que todos conocemos: Ella es un amor, bella e inteligente, y no entiendes por qué diablos sigue con su marido abusivo. Prefiere la condición de subyugue antes que la soledad. Pero hay otro tipo de “Black Denial” en el cual el hombre no actúa como ente abusador pero la mujer desarrolla una dependencia emocional fuerte y obsesiva. En ambos casos, ella centraliza toda su vida y atención alrededor de su pareja. Esto puede causar paranoia y comportamiento posesivo. Aquí juegan muchos factores que crean dependencias físicas y psicológicas. El “Black Denial” es una situación muy peligrosa, compleja y delicada.

Estos “Hoyos” o condiciones sociales atrapan a la mujer y la encapsulan en estereotipos. Dichas presiones sociales crean frustraciones e insatisfacciones, competencias, envidia e hipocresía. Se fomenta un ambiente de crítica y ataque: Apuntamos el dedo a las demás y proyectamos nuestras insatisfacciones en nuestras compañeras. Andamos a la defensiva, protegiéndonos de un enemigo que la sociedad ha creado: la “otra mujer”.

Pero debemos reconocer que existe el espacio para crear nuevas identificaciones y cambiar los roles. Its ok to be a wife and its ok to be a mom; you can still be alternative and powerful. De igual forma, está bien tomarse el tiempo necesario para explorarse antes de tomar decisiones que impactarán el resto de nuestras vidas. Y si se llega a la conclusión de que la vida de soltería es la mejor opción, pues perfecto. Nadie tiene el derecho de medir, dictar o cuestionar cuán “mujer” eres. Mucho menos asumir que la “mujer” se define en relación al hombre. Estos son solo mecanismos para crear conflicto entre mujeres. Todo por coartar el poder que tenemos al unirnos.

Muchas mujeres hablan del “empowerment” y lo transforman en un escapismo masoquista que fomenta el status quo y disuaden la creación de nuevas identidades femeninas y nuevos roles. Proponen a la “mujer liberada” como etapa de transición, no como identidad. Así muchas quedan atrapadas en el delirio del “empowerment” que embotellan y le meten por los ojos al resto de la población, mientras sus manos de manicure entran en sus carteras de chinatown para agarrar unas Zoloft. La falta de ambición es la tumba de la identidad de la mujer.

Creo que todo lo que nos dicta a ser “mujer” es mentira. Creo que la feminidad es como un “Buddha moment”; una epifanía. El momento cuando en realidad nos sentiremos “mujer” y experimentaremos nuestra feminidad en su máxima expresión será cuando desarrollemos nuestras habilidades y apreciemos nuestros logros. Y esto no es un solo momento sino múltiples, siempre y cuando nos mantengamos en movimiento y desarrollo constante. Siempre y cuando seamos nosotras quienes dictemos lo que queremos para nosotras mismas; sin sentirnos culpables por nuestras decisiones, sean en contra o en sincronía a las del mundo que nos rodea.

Solo mientras rompamos con estereotipos femeninos, dejemos de encajonarnos nosotras mismas y dejemos de imponernos presiones que no nos pertenecen. En ese momento, seremos honestas con nosotras mismas. Para destronar una sociedad patriarcal debemos comenzar por el respeto mutuo entre mujeres y exorcizar el precipicio de victimización y masoquismo hacia el cual la sociedad nos empuja. Es imprescindible crear alianzas para reclamar nuestro derecho a crear nuestra propia historia y compartir nuestra identidad tan diversa, compleja, móvil y maleable. Cuando creemos los lazos de camaradería entre mujeres -que tan cruciales son para apoyarnos y crecer-, solo entonces entenderemos la complejidad de la feminidad.

 

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Inspiración:

Las Tenoras: Mujeres Enlatadas, poesía por Sussy Santana, Marleny Luna y Shey Rivera; poemas “Jamona” (Marleny Luna), “Domestic Poem” (Sussy Santana), “Hipocrecia” (Shey Rivera), “TV” (Sussy Santana), “Pregnant” (Marleny Luna), “La Gaga” (Sussy Santana).

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About Sheyla Rivera

Sheyla Rivera has written 36 post in this blog.

Escritora, músico y gestora cultural. Nació en Puerto Rico en la década de los 80s, entre el campo y la urbe. Completó un bachillerato doble en Psicología y Sociología en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, y cursó la maestría en Medios y Cultura Contemporánea de la Universidad del Sagrado Corazón. Se destaca en el manejo de organizaciones artísticas sin fines de lucro, cultura visual japonesa, estudios de género y teoría cultural.

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