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Galeras de la Habana

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…“Periódicos que adopten posiciones valientes, que sean  polémicos

cuando hay que ser polémico, con convicciones claras, que hablen por sus

lectores, que el lector vea redimida en él su propia individualidad”.

Carlos Castañeda, Ser Periodista


Castañeda me está mirando. Sus niñas –tan transparentes como sus lentes- me contemplan de reojo. Ya se divisa el destino: la lontananza humacaeña. “A ella le gusta el trá, trá, trá”– se escucha rimbombante. Imagino el letrero: Balneario Punta Santiago. No sé por qué otros seguirán hacia el caminito de las veredas. Miro hacia al frente y continúo mi trayectoria, distinta a los demás. Es domingo: ya estos tiempos me saben diferente…

Me bajo de aquel carro, aún asqueroso y nauseabundo, como la situación política de Puerto Rico. Todavía me queda el domingo pa’ lavarlo; todavía existe otro cuatrienio pa’ pulirlo. Observo: la entrada no tiene gigantes, ni molinos. Tampoco hay guardias ni bullicio. Sus palmas ostentosas –falos infinitos y verdosos- vigilan con recelo. Miro a la izquierda: la grama casi cubre la entradita escurridiza. Así, medio “en contrabando”, me dirijo a la playa. Todavía queda bastante luz.

Con la curiosidad de los periodistas, miro a los lados. Observo las dos islitas que se hunden. Me imagino que pensarás lo mismo: “la Isla Nena, inmersa en el mar, se parece tanto a Cuba”. Si Fidel muere mañana o si se creara un “pasaporte cubano para ir a Disneylandia” ya no te importa, Castañeda. Tus intereses son otros. Portugal te ha regalado tu añorada libertad. Ahora sólo interesan tus olvidados legados. Tus hijos, tus estirpes, tus estelas. Y cuando digo esto, como que sonríes, cual Mona Lisa sin editar en “photoshop”.

Mientras te leo –y leo a tus amigos periodistas- pienso en tus imágenes. La magia de tus palabras encierra un gran legado visual. Hablas y pintas sobre las realidades. Incluso has convertido el verbo en holograma y has difuminado con fotos y mosaicos.  Los comparo con los bocetos de los niños en la arena: sus repujados de sal y tierra se divisan. “Todo lo que aprendes se hace tuyo”. No lo olvides, Castañeda. Cada experiencia se hace estatua de sal en nuestra psiquis. Obsérvalo: incluso el viento -como las musas-  me nutre de experiencias mientras acaricia las hojas de tu libro.

Decido abrir –al azar, como la vida- la página 210 de tu arrinconado libro Ser Periodista. Es que no te callas, Castañeda. ¡No me grites! Tu palabra suele ser tajante algunas veces: “cuando los diarios se convierten en máquinas de hacer dinero, se sienten muy poderosos. Hay una tendencia a olvidar el propósito editorial primero en que se fundamentó la vida y el éxito de una publicación”. Cuando escupo una pregunta, la depuras: “con las bienandanzas económicas, el periódico deja de llenar la necesidad que llenó en sus días. Así, pierde el compromiso con sus lectores. No hablan más por ellos”.

Mientras se acerca la noche, pienso en tus palabras. Con cada vocablo, se acercan los insectos que te hieren. Pienso en los que escribimos por placer. En los que espulgamos las palabras para narrar historias heroicas. En Gutenberg y las gacetas venecianas. En aquellos que quemamos nuestras pestañas para saber cómo y por qué, para luego plasmarlo -o publicarlo- en el dónde. En las miradas de los niños y deambulantes, que buscan quien les defienda en prosa. En las tetas de Niurka Marcos y la portada de aquella revista amarillista. En nuestra crisis económica, que ya toca el Everest. En el derroche de dinero en el próximo Miss Universe. En la transformación digital y los recortes de personal en los periódicos. En los escritores “bloggeros”: aquellos que han sido despedidos de los rotativos más importantes y ahora sus musas vuelan con baterías digitales: sin paga, pero con una exposición virtual. Como el que trabaja ad honórem, o el que lo ha perdido todo, pero ha alcanzado el Cielo.

¿Dónde estarán los verdaderos escritores? ¿Dónde estarán los periodistas por vocación? ¿Qué tendrá más valor: ¿la  septuagenaria que terminó sus estudios universitarios o las peripecias marigüaneras de Michael Phelps? ¿La situación incómoda del pelotero millonario o la explotación sexual de nuestros niños? Respóndeme con un símil. ¡Conviértete en metáfora, Castañeda!

¿Dónde están los dioses de la palabra, Yemayá? ¿Será suficiente el “humorplacebo”, o necesitaremos un poquito más de intelecto? ¿Hará falta más Neruda? ¿Habrá que quemar en la hoguera a Donald Trumph? ¡Contéstame, Carlos! Mi tiempo se hace corto y las olas no se calman. Es evidente: la noche ya se acerca y yo me voy. Me iré. Ya calmaré mi angustia. Todo es cuestión de tiempo. Tus palabras vienen y van, como las galeras…

Para cerrar nuestro pacto, me comeré una alcapurria humacaeña a tu nombre. No tomaré el camino de las veredas, como todos los demás. Llegaré al apartamento: transcribiré mis notas a Word y me reiré de la tecnología. Luego, pasaré a la página 221 de Ser periodista. Continuaré la historia con mis aires de escritor.

Castañeda, es hora de escucharlo: “a ella le gusta el trá, trá, trá” -y así, con la naturalidad del asesinato publicado ayer en el periódico y el anuncio “full page” del telefonito móvil, pasará el mismo carro por la playa, con sus megas bocinas y el sonido espeluznante. Acabo de cerrar tu libro. Puerto Santiago, 8:09 p.m. La Isla Nena –para ti, Cuba- ya ni siquiera se divisa. Ya son otros tiempos, Carlitos de La Habana. Son otras las palabras.

Y son otras hojas sueltas.

About Ariel Orama López

Ariel Orama López has written 34 post in this blog.

Psicólogo Clínico, Coach Certificado de Coachville Spain/The Internacional School of Coaching, Autor de los libros: Psicología como profesión: Orígenes y tendencias y Sinapsis Crëativa: Crea.tu.Universo. Contacto: droramalopez@gmail.com

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