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La cáscara del alma

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“De la misma manera en que nos sostiene nuestra alma,
que es aire, así el soplo y el aire circundan el mundo entero.”
Anaxímenes

Mientras leía la antología de microrrelatos “Por favor, sea breve 2”, me topé con varios cuentos que me volaron la cabeza. Quizás les hable de otro más tarde, pero esta vez me interesa que lean “El Milagro”, de Eduardo Berti:

“Según mi amigo L., Cristo vivió siete días antes de Cristo porque nació el 24 de diciembre y el primer año cristiano no comenzó hasta el 1ro de enero siguiente a su nacimiento. Mi amigo, que es ateo, no cree en ningún milagro de Jesús, excepto en este de haber vivido antes de sí mismo.”

Este breve cuento es genial de muchas maneras pero en particular me parece que destapa algo más allá de la demostración de una contradicción en nuestras prácticas culturales. Parece que también revela esa forma de pensar que nos ata a considerar a una norma ficticia y establecida por el uso como una ley más real que la naturaleza.

Eso me lleva el alma y me lleva al alma.

Empezaré con aclarar que para entender el concepto del alma no basta con recopilar lo que de ella se ha dicho, porque al hacerlo partimos de la creencia que existe alguna reflexión sobre la existencia del alma que pudiera hacerla válida. Esto asume como verdad lo que debería probar primero. El uso histórico del concepto, no obstante, ha logrado convertir la idea del alma en una realidad social. Pero el alma debe entenderse y estudiarse como una interpretación que hacemos del cuerpo.

Si se fijan, esa “historia” del alma se refleja cuando, al referirnos a nosotros mismos, separamos lo que somos de lo que llamamos nuestro cuerpo. La insistencia en definir una separación entre un “yo místico” frente a un cuerpo material parecería alarmante. Le llamamos nuestro cuerpo al objeto que somos, como cuando decimos nuestra casa o nuestro trabajo. Sin embargo, ¿en dónde está el verdadero “yo” si me llamo a mí mismo dueño y legítimo poseedor de un cuerpo que es mío y a la vez yo mismo?

La idea del alma enturbia lo humano al insistir en tocar todo con su mitología del cuerpo como recipiente. ¿Pero, de dónde surge la idea de que tenemos alma? ¿Por qué insistimos en encontrar la eternidad? El alma es el aliento de dios en el Génesis…

Descartes explicaba a través del concepto de “autómata” que los seres vivos solo tenían en común los procesos fisiológicos. Para ilustrarlo utilizó como ejemplo una máquina que comía y digería como las muñecas que hacen caca. De hecho, Descartes veía a los animales como máquinas sin conciencia de su existencia. Sin embargo, consideraba que el ser humano era distinto a todos los animales porque al pensar, existía. Para Descartes, la mente era el contenido de la máquina humana que la diferenciaba de los animales.

Por otro lado, y mucho más reciente, Carl Gustav Jung define el alma como un producto colectivo e histórico pero que gobierna con sus arquetipos a la materia. B.F. Skinner nos replantea el alma al toquetear el origen del bien y el mal con la casuística que nos construye la existencia (Recuerden que el alma se “usa” para discernir entre el bien y el mal). Nos dice que las afirmaciones y/o negaciones que nos da la vida filtran los comportamientos humanos a través del tiempo.

De muchas maneras se ha estudiado el cuerpo como recipiente del alma o la mente. Para idealistas como Kant, es la evidencia de dios. Para Hegel, es algo en todas las cosas y no es ninguna cosa. Para los materialistas, la mente es materia en movimiento y el tiempo se convierte en el alma de las cosas si lo piensan de dicha forma.

Miguel de Unamuno, uno de mis favoritos, explica en el Sentimiento Trágico de la Vida que el origen del alma está en el temor que le tuvieron nuestros antepasados remotos a la muerte, una vez descubrieron su existencia. Unamuno asocia los primeros entierros humanos con la comprensión de la ausencia del semejante y el conocimiento de que era necesaria su existencia porque llena un rol entre nosotros. Eso parecería muy obvio, pero traten de imaginar a seres primitivos en sus primeros pasos sociales intentando comprender la muerte.

De esos seres que eran pero no eran nosotros, nos llega la idea del alma. De ahí hasta las religiones modernas, no ha pasado nada nuevo. La descripción de dios y la idea del cielo son circunstanciales; pero el alma y la legitimidad que adquiere, se explica con esa herencia primitiva de la dualidad. Más que dios nuestro problema es el alma y su vida eterna.

Por eso entiendo que debemos insistir en reconocer que nuestra interpretación del cuerpo es el origen del alma, así como es el origen de las construcciones de identidades bajo la bandera de una práctica del cuerpo o una herencia genética. Estudios de género y sobre la sexualidad desde nuevas perspectivas aún hoy marginales han despertado el tema. Se investigan las interpretaciones del cuerpo como propuestas sociales, culturales, y políticas.

Pero me pregunto: ¿por qué las ciencias –entiéndanse: biología, física y química– no se convierten en mejores formas de alcanzar ese conocimiento del cuerpo que los estudios desde las identidades pretenden? Lo que como grupo hemos hecho al estudiarnos a nosotros mismos no es sobre-natural pero lo parecería cuando creemos que pensamos desde algún lugar fuera de nosotros. ¿Acaso no es vivir en sociedad y hacer “culturas” una cualidad biológica? ¿Estaremos diciendo, cuando responsabilizamos a la sociedad de nuestros comportamientos, que es una fuerza que no participa de la naturaleza?

¿La idea del alma, que es una forma de identidad (religiosa), podría ser una mejor herramienta para entendernos? ¿Nos explica mejor la vida el insistir en la cuestión social como si fuera una construcción de nuestra propia reflexión y ésta como producto de una mente con cualidades parecidas al alma?

Los estudios de género y las perspectivas de identidad han articulado ideas y conceptos que no podrían haber existido sin la definición de sí mismos que su propia propuesta enarbola y de la cual dependen sus teorías. En otras palabras, el que se lograran organizar Gays, Mujeres y Naciones para reclamar derechos reinventa sus roles sociales para crear una historia que los ponen en el mismo nivel del Jesús del microrrelato que cité arriba.

El Alma eterna, la Nación divina, la Mujer y el Hombre arquetípica(o)s y el Gay ideal, terminan naciendo antes que ellos mismos y, como sus otros dioses, sus cualidades “especiales” gobernarán a los descendientes de sus creadores. Tras organizarnos bajo una idea del cuerpo y obtener victorias al defender su identidad, se fortalece la cualidad que nos une. La iglesia, de igual forma que las demás políticas de identidad, construye y reconstruye el alma con el terror que causa pensar en su inexistencia.

Sin embargo, las políticas de identidad, así como las consecuencias que tienen en la interpretaciones del cuerpo, sólo logran enseñarnos que aún cuando experimentemos un “Cuerpo”, siempre existe la posibilidad de verlo muy distinto a otros. Una buena forma de caracterizar esa incapacidad de generalizar entre las interpretaciones del cuerpo está dada por las diferencias entre la tradición médica de Occidente (la griega), y la Oriental (la china). Pero eso se los cuento otro día.

About Amado Martínez Lebrón

Amado Martínez Lebrón has written 17 post in this blog.

Nace durante el 1973 en Santurce, Puerto Rico. Hizo su bachillerato en Filosofía y Letras en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, y su maestría en Historia. Fundó la Organización Socialista Internacional (OSI) en el campus de Río Piedras. Genera propuestas de arte conceptual, además de escribir, producir, diseñar y coordinar para la industria audiovisual local. Por casi cuatro años promovió artistas plásticos y músicos, en su negocio en el viejo San Juan, llamado Enlaces Café. Es escritor y poeta.

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