subscribe: Posts | Comments

Santa Cló son tus papás

4 comments

Amado Martínez desenmascara la realidad tras la celebración de la navidad.

Recuerdo que desde pequeño la Navidad para mí ha sido la época más feliz del año. En Puerto Rico la Navidad es comer y beber, hasta quedar derrotado con una sonrisa de labios brillantes cortesía de la carne de cerdo, junto al otro brillo, que llega a los ojos por el ron tomado al fresco de las brisas invernales. El cielo se pone azul y profundo, y el sol si se esconde tras las nubes, deja dominar brevemente al viento. Al volver el sol deslumbrante, hace su magia cuando se coloca más cerca de nosotros que el fondo azul del cielo. Todo queda cortado y definido de forma alucinante.

Yo asocio Navidad con olor de pernil asado, de pino, y de pintura fresca, como todo buen ser socializado en PR. Lo de la pintura aunque parezca raro es Navidad, porque muchas casas se empiezan a vestir de fiesta con la pintura, antes de las guirnaldas de luces y los decorados de Walt-mart o K-mart.

Todo es más bello en el diciembre tropical, con sus transparentes noches de estrellas, opacadas sólo por las venenosas luces de ciudades. En Navidad se arreglan las casas, se hacen fiestas y parrandas, se baila y se canta; en fin, se celebra y se goza entre regalos y harteras. Podría aprovechar y hablar del consumo capitalista, las abarrotadas tiendas, y los créditos hinchados, pero eso sería muy obvio y no les haría perder el tiempo con lo que ya saben: la Navidad es una gran fiesta de consumo irracional. Pero lo que muy pocos saben, es que la Navidad es toda una mentira.

Cuando yo tenía 5 años, descubrí a mi madre con algunos juguetes que yo le había pedido a Santa Cló. La sorpresa se redujo cuando me volvió a coger de bobo, diciendo que Santa venía a recogerlos en casa, para llevárselos y después traerlos. Luego de eso no me quedé totalmente satisfecho, así que esperé a que se durmiera, y busqué en la casa hasta dar con mi guante de béisbol. “Santa Cló son los papás”, me vino como un rayo a la mente. No pude dormir del agobio, y al otro día no resistí y se lo dije a mi hermano de sopetón. Lo recuerdo como ahora, yo destrozado pero libre; él, sólo llegó a la parte de quedarse destrozado. Cuando mi hermano salió corriendo pálido y pasmado, descubrí que la ilusión puede ser una opción real para otros, aunque todavía se me haga muy difícil aceptarlo. Así que les advierto que no sigan leyendo si quieren creer que la Navidad es Jesús, o algún otro cuento de delirios y fantasmas.

Bueno, ya advertidos continuemos, tampoco será tan grave. Pues resulta que para empezar, la fecha de Navidad, no concuerda con la narración bíblica que establece que los pastores andaban sus rebaños bajo un cielo estrellado de Belén. Así que para cualquier persona eso levantaría ya una sospecha. Sin embargo, debemos cuidarnos de no confiar mucho en la Biblia como documento histórico, lo que sería un problema, pues ya sabemos que la tierra no se hizo en 6 días, y no fue poblado tras el pecado de dos seres sin ombligos.

Pero igual, el nacimiento narrado en la Biblia no es en invierno. Y ya que estamos en eso de revisar el texto, añado que en la Biblia no se mencionan nunca tres reyes, ni mucho menos sus nombres, pero se ha creído erróneamente que fueron tres, porque se le obsequiaron al niño tres regalos. La Biblia menciona sólo la visita de magos de oriente, que llegaron a la casa de Jesús ya de niño; o sea, los magos nunca estuvieron en el pesebre tampoco. Continuando con cosas más serias e importantes, deberíamos preguntarnos por qué entonces, se celebra en el 25 de diciembre el nacimiento de Jesús. La respuesta es simple, lo celebramos en invierno porque otros dioses habían nacido en esa misma fecha pero mucho antes. Y aquí es que viene la mejor parte.

Antes del cristianismo muchas tradiciones religiosas, pero quizás debamos decir muchos de los ritos culturales relacionados con la naturaleza, celebraban el crecimiento o nacimiento del sol en ésta época. Los griegos, así como los romanos, los germanos, y hasta los mexicas, y los incas, celebraban cerca de lo que hoy es el 21 de diciembre, el solsticio de invierno. En este día se considera terminado el otoño, que era la época de cosecha en los climas continentales, y se inicia oficialmente el invierno. En muchas sociedades festejaban el día más corto del año, como comienzo de un nuevo ciclo de crecimiento del sol, y el ciclo de las siembras.

Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Natalis Solis Invicti” (Nacimiento del Sol invicto) dedicadas a Apolo. En el Imperio romano, las festividades de Saturno durante la semana del solsticio, llegaban a su punto culminante justo el 25 de diciembre. Todas estas sociedades humanas parecían haber notado el solsticio, y celebraban el que volviera a empezar un “ciclo solar”, que afectaba directamente sus vidas.

Ante semejante acto predecible del mundo, los pequeños humanos se disminuían. Se hacía dios el sol, y diosa la tierra, porque decían cuándo sembrar y nos hablaban con gestos del planeta y las estrellas. En esos tiempos, los humanos “hablaban” con dios, y él les contestaba, dejándoles saber con el movimiento de los astros y los cambios en los días, cuándo se acercaban las fechas de las lluvias, las de cosecha, y las de cultivo. No es casualidad entonces, que todas esas celebraciones relacionadas al ciclo climático, y los nacimiento de los dioses primitivos, se asociaran con el nacimiento del más reciente dios.

Cuando la nueva religión cristiana viene a gobernar haciéndose de un imperio en occidente (siglo 4 de nuestra era), el nacimiento del dios cristiano se puso en las fechas de las celebraciones “paganas”, para facilitar la integración cultural de los conquistados. Algo que me parece muy curioso es que durante la revolución de secesión de las colonias Británicas en América, y luego de la consolidación revolucionaria, casi desaparece la Navidad porque fue considerada una práctica del reino opresor. ¡Quién hubiera dicho que hoy es la Navidad lo que describe con mayor claridad el término de reino, pero sobre todo el de imperio!

Entonces resulta que el sol creciendo en luz, como fortaleciéndose, asoció desde tiempos remotos anteriores a la lengua escrita, esos días con un renacimiento. Parecería que sólo cambiamos de nombres para los dioses, pero siempre permanecemos con alguno. Sustituimos dioses, como pintando una casa en la más típica tradición puertorriqueña, en donde sobre 10 o 20 capas anteriores de pintura, se coloca una nueva. Y en esta metáfora, las capas de pinturas si se raspan, develan historias suculentas de la casa. Aún así, la casa no necesitaría la pintura para que exista, pero parece que hoy día la pintura, se confunde con una cualidad estructural.

No obstante, entiendo que después de todo lo que define a la humanidad en lo más profundo no es la necesidad de dios en estas fechas (o en cualquier otra), pues siguen siendo festivas las fechas aún cuando cambien de dioses cada cierto tiempo. Para mí lo que destaca aquí es el gesto de la celebración y de las fiestas, como consecuencia de la supervivencia. Simplemente a mí me deja claro, que la celebración como afirmación de vida es lo que está detrás de las Navidades, y más que a dios, agradecemos poder comenzar de nuevo, y el seguir con vida ante el poder de la naturaleza. Y le ponemos cualquier nombre a los ciclos que nos controlan, con el deseo de sentirnos con poder, y para justificar los excesos del placer tras nuestros máximos esfuerzos.

Marx decía que el ser humano sólo toma conciencia de sí a través de su clase, y ésta a su vez la adquiere con el trabajo y la lucha. Y yo que soy atrevido, añado que el trabajo es la parte de la tensión que luego la celebración social libera, y que nos crea como grupo, tanto o más que el trabajo. La fiesta nos arma las pasiones y nos construye colectivamente porque nos acerca, pero cuidado, también nos conforma y alela. Lo que me lleva a la conclusión de este comentario: La Navidad es fiesta, y celebra la vida y la supervivencia ante las grandes fuerzas del universo, por haber sido su origen la vida vista en el alimento, y todo lo que lo permite tomar de la tierra. Por lo tanto, sugiero que desde ahora no sea la Navidad el natalicio de Cristo, sino el origen de nuestra conciencia humana, y el reconocimiento de nuestra necesidad biológica de mantenernos vivos entre fiestas.

El humano necesita de la celebración, y de buscar razones para celebrar lo que le permite vivir. La historia de estas fechas, es mucho más rica que la Navidad de Jesús, y éste palidece ante la historia del movimiento de nuestra casa terrestre por el universo. El nacimiento de un simple hombre, nunca podrá superar el símbolo, y el significado tan profundo, que tiene la idea del sol que nace y crece junto a nuestra vida, dándonos de comer una y otra vez.

Entender nuestra relación con la tierra a un nivel tan complejo como para agradecer su explicación, y hacer de los cambios naturales la palabra de la ciencia, sería mejor razón de celebración que cualquier versión reciente de un dios de iglesia. El planeta habló con nuestros antepasados, y ellos encontraron por eso un gran motivo de celebración. Entonces, por qué no pensar en celebrar nuestra simple existencia, en las más suculentas orgías de la época, con nuestras caras despintadas y nuestras casas desnudas. La Navidad podría ser, igual que fue de otros muchos dioses antes, completamente atea. La Navidad no sobrevive el escrutinio, porque tampoco lo sobrevive dios; y como si fuera poco, Santa Cló son tus papás.

About Amado Martínez Lebrón

Amado Martínez Lebrón has written 17 post in this blog.

Nace durante el 1973 en Santurce, Puerto Rico. Hizo su bachillerato en Filosofía y Letras en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, y su maestría en Historia. Fundó la Organización Socialista Internacional (OSI) en el campus de Río Piedras. Genera propuestas de arte conceptual, además de escribir, producir, diseñar y coordinar para la industria audiovisual local. Por casi cuatro años promovió artistas plásticos y músicos, en su negocio en el viejo San Juan, llamado Enlaces Café. Es escritor y poeta.

w
  1. He dicho esto de la navidad a un monton de gente y me miran como si estuvieran escuchando un sacrilegio. voy a pasar por ahi este post

  2. Nohely Miranda says:

    Super brutal! Ya yo sabia todo esto, pero me encanta la forma en que lo expresaste!!!

  3. Amado Martínez says:

    ¡Gracias, Sr. Irreverente! Creo que eso exactamente es la razón de mi interés en traer estos temas, y sus ángulos descuidados. Me parece ridículo, que tengamos que debatir sobre detalles simbólicos y ficticios, partiendo de la premisa de probar que la ficción es ficción. Estaremos aquí cada mes presentando formas con las que podremos desarmar la idea de lo supremo, lo eterno y lo divino. ¡Gracias por el apoyo! En estos tiempos, me parece que hacer silencio no es una opción, y pienso que creer que la religión es inofensiva es un error. Pero nada, seguiremos. Nohely, no sabes lo bien que se siente leer lo que dices! jejeje.

  4. En el medio de la religión organizada y el ateísmo existe algo que se llama la experiencia espiritual. Es individual, pero a la vez te conecta con el colectivo, más bien con el todo…con todo lo que existe, viviente o no… con toda la energía universal, que es, según las nuevas publicaciones de la física cuántica, una copia exacta de cómo somos por dentro…. te conectas con el micro y lo macro. Esta experiencia va mas allá de las religiones, la cultura y del vocabulario. Los que la hemos experimentado y la validamos como tal, nos negamos a ser señalados como ignorantes, delirantes, o inferiores. Solo por la experiencia espiritual, se que existe Dios. Si es hombre o mujer o energía, o un matrix, o múltiple o único/a, o Jehová o Alá o Padre Cielo y Madre Tierra, o los Orishas, o Krisna, para mi existe. Si los cristianos creen que les pertenece a ellos exclusivamente, o los islámicos, o los hebreos, es algo que nada tiene que ver con la experiencia de una oración contestada, o una sanación de cáncer inmediata, o la manifestación de la solución a un problema que no parecía tener solución, o la experiencia energética que ocurre durante la meditación, o de la niña que vio un ángel que la salvó de un accidente inminente, o de la persona que murió y regresó a la vida habiendo experiementado eso que le llamamos “el cielo”, o el golpe en el pecho que recibes de los Orishas junto con la energía que se te mete por la espina dorsal, o del cosquilleo y bailoteo del baño del Espíritu Santo (o como quiera que le quieras llamar), o el cantazo energético del Kundalini, …o el gozo colectivo y euforia de una congregación (que también sucede en eventos políticos o cuando escuchas un discurso de Albizu, Martin Luther King o Gandhi), o del conocimiento que te transmite un árbol viejo al abrazarlo, o el placer del proceso creativo, o la determinación de un pueblo de salir de la opresión y liberarse… todas estas son experiencias espirituales válidas… son oraciones contestadas, de peticiones elevadas al universo, de plegarias que salen desde lo mas íntimo corazón y todo esto es lo que es Dios. Dios existe a pesar de la religión, del ateísmo, de la culpa, del dolor, del cinismo, de la duda, de las sororidades que manejan el poder y producen la pobreza, de las corrientes filosóficas y económicas que han sucedido en el mundo, y a pesar de que nos preguntemos, bueno si existe Dios, por qué hoy mueren 24,000 niños de hambre? , o, si existe Dios, como es que mataron a Víctor Jara de ese modo? Dios simplemente existe. Nada más que eso. Solo Es.

Trackbacks/Pingbacks

  1. El orden es de los ricos | El punto es… - [...] en otra parte hablé de mi experiencia al descubrir que no existía “Santa Cló”. A mí me provocó dudar…

Leave a Reply