Siete
Uno. La primera vez que la conocí, no hubo “spots radiales” ni intermediarios. Un ángel de la esperanza se paseaba de camino a mi mesa, con ese precioso ajuar característico de quienes aman El Yunque y los tiernos perros de las praderas: como un hada de blanco, en plena libertad. Dosis de poesía y canciones de cuna: sus palabras eran eco de la experiencia, de esa que trasciende cualquier conferencia magistral de intelectuales de la “psiquis”. “Ella es ella”, todos lo saben: habla por la radio, es sublime y, muchas veces, etérea. Unas tantas, es roca pura: de esas que te permiten despertar de una oscura pesadilla y lanzarte –cual fuerte rompeolas– a nuevos mares. Es real, no es de cera. Habla en “sabores y olores”. Ella es un ángel, no necesita licencia. Mientras otros “oídos empáticos” descansan del “8 a 5 (pm)”, ella abre un oído nocturno. Yo le daría un premio desde el Cielo, cual aprendiz de querubín. Ella es Laura Rosado.
Dos. Tenía como doce años. Como quien emprendiese una travesía al futuro, conocí a una profesora vestida de hierro y con alhajas de notas musicales, de esas que ya no se consiguen “al detal”. Sus arreglos armoniosos, su carisma y su “poesía-prosa” en eterna canción deleitaban a todos sus alumnos. Al finalizar la jornada, Sara Jarque y Juaquín Jarque –actores actuales, pasados “jóvenes anfitriones” de quien suscribe– narraban anécdotas y chistes para complacer a un niño de espejuelos que miraba y escuchaba atento. Rina, llena de hospitalidad, nos premiaba con unas galletitas que jamás olvido y refrescos. Ensayos “post-mortem” de San Juan a Ponce, mi hermana y yo. Ariel y Carmen, Carmen y Ariel: Voces y “contracantos”, “contracantos” y voces. Todo ello, como quienes no olvidan la presencia de una nota que, por llamado divino, estaría luego “algo ausente”. La eternidad del “SOL” ya tiene sonido. Rina de Toledo es su nombre.
Tres. Laboratorio de Ratas blancas y de ojos rosados. El distinguido doctor norteamericano –de ojos “cielo-mar” y de mirada eterna–, nos enseña las grandes lecciones del paradójico miedo. Una palabra asertiva nos hace aprender más allá de las estructuras del cerebro: es un mago del aprendizaje. Su conexión infinita con el Cosmos y el conocimiento elevado de las Ciencias, nos transportan a lugares inimaginables. Es sensible y también es científico: tan cercano y humilde como una “celula glial” protectora. Hombre de gran corazón e intelecto –ya casi “boricua”– logró que Puerto Rico rompiera la barrera del sonido de los pasillos dorados del “Nature”. No lo dudo: si Puerto Rico tuviese un encéfalo, sería el encéfalo de Dr. Gregory J. Quirk.
Cuatro. ¿Qué hago aquí? ¿Entre átomos inciertos? ¿Entre células desechas? ¿Entre cuerpos ya no vivos? ¿Entre almas tan etéreas? Abro mis párpados, observo a un profesor apacible y de bata blanca. Pacientemente, prepara fragmentos del cuerpo humano para educar con sustancia a los estudiantes de medicina. Su corazón es noble; su espíritu, fuerte, como el Buen Pastor. Limpia encéfalos, sonríe al Cielo; luego, (se dirige) a sus preferidos procedimientos de disección. Finalmente, el maestro devoto –y anatomista, gran combinación da Vinciana– alza su cabeza y reza. Como quien diría el final de alguno de mis poemas: “Así, principio y fin, fin y principio. Ante Dios temo, y ante la vida y la muerte, sapiencia”. Es el mejor profesor de Anatomía, a mi entender y el de muchos, y el mejor corazón para una Escuela: su nombre es Dr. Juan Fernández.
Cinco y Seis, hacen un cinco. ¿Almas gemelas? ¿”Ying” y “yang”? Veo a una actriz de grandes dotes artísticos hablándonos de los principios de la Neurociencia, aplicados a la actuación. Como quien es capaz de desdoblarse y convertirse en mil fragmentos, la actriz de sonrisa afable, de mil posturas escénicas y de caminar erguido nos explica el verdadero significado de la disciplina “en las tablas”. Miras al lado de ella, y observarás a un “hombre-lente”, capaz de “ver aquello que nadie ve” y convertirlo en un filme. Experiencias vienen y van, como un bombardeo de luces brillantes de dos espejos que se miran. Saben lo que hacen, viven a plenitud lo que viven. El cine los une, Dios los cría y ellos se fragmentan: como quienes son capaces de dar, sin esperar nada a cambio, y convertir a cada aprendiz en un soñador del séptimo arte. Todo lo reflejan, nada lo refractan. Brindemos por sus nombres, pues son todo “teatro-cine”: los grandes, Idalia Pérez Garay y Vicente Juarbe.
Seis (pero es un Sie7e). Aparece un “adulto un tanto joven”, de “vibras positivas” y de “cosa buena”. Su mirada es profunda y su hablar es pausado. Si lo elogias como artista, baja la cabeza. “Tienes que conocer a mi esposa”, dice con orgullo: como quien ha reconocido la función vital de su alma gemela. “Soñar con premios”, “pautar” o “ser mediático”, no son parte de su vocablo. Prefiere “unas tennis” para caminar por la Paz y un “sandwishito” vegetariano. No sólo es un gran artista de oficio –gran artesano– sino además, un excelente ser humano. Si ves futuro en Sie7e, ¿qué será de “Little Sie7e”?: David agarra en brazos a su niño y comparte con todos, como todos los mortales. Su nombre es David, no lo olvido. Pero para todos, será el número mágico que nos puso a brillar en el 11.
Siete: ¿Causalidades? Me ha tocado estar justo de frente a éste 2 veces, a menos de 2 pies de distancia. No le conozco personalmente como a los otros, puesto que las murallas –hay que proteger lo preciado– son enormes. No obstante, a dos pies de distancia, refleja a un hombre-niño que crece. Defendió su relación no tradicional y, aún así, siguió brillando por Puerto Rico. Sus planes actuales, no los conozco. No obstante, sí pude “ver” sus “pensamientos” en la actividad internacional por la Paz de inicios del milenio; ví una Escuela gigante, cuando ni siquiera había hablado de Escuelas: hace diez años, intuí sus grandes aciertos. Sé que dará mucho por los niños, estaremos todos atentos. No juzguemos sus decisiones con ojos cuadrados: veamos sus agigantados pasos de Quijote y sus sueños. Ricky o “Kiki” le llaman algunos. Para otros, “Enrique”, el “de todos”, el “nuestro”. Para éste último eslabón y los suyos, les extiendo mis respetos.
Puerto Rico no tiene que buscar nada afuera, pues todo aquí ya lo tiene. Si yo fuese gobernador, hace tiempo hubiese reunido a mis “siete”. Ellos son un ejemplo a emular: no dudo que la vida les devuelva todo con creces. Mejor aún: “setenta veces siete”.
“Ya lo dijo quien lo dijo”(y yo lo secundo): “Si lo mejor viene en docenas –y esas docenas son ‘del país’– a mí, que me den veinte”.























a mi que me den 20.